Carmina Rodríguez

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Por qué dejo la fotografía de conciertos

A mediados de 2009 empecé a tener problemas de depresión. Acababa de terminar la carrera, había muchos cambios en mi vida y sin saber muy bien cómo, de repente todo se me vino abajo. 

Esa depresión trajo consigo episodios de agorafobia bastante fuertes. Salir a la calle se convirtió en una verdadera pesadilla. Venía de haber viajado mucho, vivido en varios países y haberme sentido tremendamente independiente. Y de repente todo se redujo a unos pocos metros cuadrados. Eso, una pesadilla.

En 2011 me dio por comprarme una cámara. Pensé que podría ayudarme a salir. Así que un día me fui a la Fnac y me compré la réflex más barata que encontré. Y me ayudó, vaya si me ayudó. Aquello fue un amor a primera vista. Empecé a formarme en fotografía. Hice un curso de iniciación, luego uno de fotografía documental, otro de iluminación, workshops y mil cosas más. Fui también autodidacta y la cámara se convirtió en una extensión de mí. Para los que me conozcáis en persona sabéis que siempre voy con alguna cámara colgada. Hasta cuando saco al perro. Es una obsesión. Es mi vida.

En 2012, mientras estudiaba fotografía, comencé a hacer fotos de conciertos. Por qué no, al fin y al cabo era lógico, se trataba de unir dos pasiones. Así que todo parecía muy natural. Música y fotografía. De eso se trataba. Gracias a la foto de conciertos empecé a sentir muchas cosas. No sólo me ayudó a salir sino que descubrí que era algo que realmente me apasionaba de una manera indescriptible, algo que no podía imaginarme con ningún otro trabajo relacionado con mis estudios anteriores. Y así, poco a poco, la fotografía (no sólo la de conciertos) pasó de ser un hobby y una terapia, a un trabajo. Y, lo digo sin ningún tipo de modestia, creo que mi trabajo es lo suficientemente bueno para que así sea.

¿Por qué cuento todo esto? Por estoy jodida. Porque estoy quemada. Afortunadamente esa etapa quedó atrás y a día de hoy llevo una vida normal. Con mis días buenos y mis días malos, como todo hijo de vecino. Sin embargo, hay algunas asuntos recurrentes de esta profesión, más concretamente si hablamos del mundo de la música, que me han hecho siempre tener ahí una vocecita que dice: “¿realmente esto merece la pena?”. Hoy, la respuesta parece clara: no, no merece la pena.

Partimos de la base de que en España hay un problema muy serio con la fotografía: no se respeta. La cultura visual que hay en este país es nula. Para mucha gente los fotógrafos somos sólo los que aprietan el botoncito. Y si tenemos buen equipo (que además nos hemos comprado con el sudor de nuestra frente), entonces mucho más fácil. Las fotos se hacen solas.

Hace unos días leí esta entrevista a Samuel Aranda, uno de nuestros fotoperiodistas más prestigiosos, ganador del World Press Photo en 2011 y colaborador habitual, entre otros medios, del New York Times. En ella dice, textualmente: "Si alguien se quiere dedicar a esto, lo primero que tiene que hacer es irse fuera, salir de este país porque aquí no hay nada que hacer, sin duda”. Así de tajante. 

Todos lo fotógrafos, de cualquier género, nos enfrentamos con frecuencia a estos problemas. En muchas ocasiones no se respeta nuestro trabajo, está mal pagado, y se nos roba con una facilidad pasmosa. Y aquí entramos en otro terreno clave, el del “todo gratis”. Hemos llegado a un punto en el que nos creemos que si algo está en internet es un bien público, podemos usarlo como queramos, está ahí, es nuestro. Evidentemente es un problema que compartimos con los músicos. Internet es un arma de doble filo: nos ayuda a llegar a la gente, pero también hace que muchos no le den valor a nuestro trabajo. Todo al alcance de un botón, parece que no hay nada más detrás de eso. Hace poco leí a mucha gente quejarse de que un festival en el que participaban 5 bandas costaba 15 euros. A 3 euros el grupo, oiga. Madredelamorhermoso, una barbaridad. ¿Por qué? Porque el año anterior había sido gratis. Nos hemos malacostumbrado, porque como parece obvio, no todo es gratis. 

Antes de entrar más de lleno en lo que realmente quiero decir, quiero dejar más que claro que mi relación con la grandísima mayoría de los músicos con los que he coincido es más que cordial, amistosa y nace de la admiración. Si no fuera así no llevaría 5 años haciendo foto de conciertos. No me cansaré de decir esto. Y, obviamente, percibo que el respeto es mutuo de parte de la grandísima mayoría de músicos. Al fin al cabo, estamos en el mismo carro y, como decía antes, nos enfrentamos a muchos problemas comunes (otro día ya si eso hablamos del IVA y otros cuentos). Cuando ahora hable de que nos roban el trabajo no me estoy refiriendo a que, como es habitual, un artista use una foto de un concierto en sus redes sociales. Eso es completamente normal y es parte de la buena relación y la colaboración de la que todos nos podemos beneficiar. Estoy hablando de que un día de repente te encuentres una foto tuya en el libreto de un disco de alguien que ni siquiera te ha contactado. Obviamente no se ha tomado la molestia ni de citarte, porque quien hace eso no respeta tu trabajo lo más mínimo como para reconocértelo. Estoy hablando de encontrarte un cartel con una foto tuya. Estoy hablando de encontrarte tus fotos en una web de una banda. Estoy hablando de encontrarte una foto tuya en un anuncio. Es decir, estoy hablando de gente que usa tu trabajo, sin consentimiento, con fines comerciales. Gente que está ganando dinero con tu trabajo. 

Todo lo anterior me ha sucedido mil y una veces durante los cincos años. Estoy segura de que nos ha sucedido a todos los que hacemos esto. Como decía antes, los que se comportan así son una minoría. Pero es que para comportarse así hay que tener poca vergüenza, y cuando se tiene poca vergüenza se puede hacer mucho daño. Aun siendo una minoría. Y por eso el recurrente “¿realmente esto merece la pena?”. Hasta que ha llegado el momento en que no la merece. En los últimos meses (no sé muy bien por qué, la verdad) el número de episodios de este tipo se ha multiplicado de una manera que se me ha hecho inabarcable. Y no sólo eso, sino que las excusas que la gente da para no pagar son interminables, a la vez que ridículas en muchos casos. O lo que es peor, y que precisamente es lo que me hace salirme de esto, todo esto viene acompañado de un desprecio y una voluntad de querer humillar y quedar por encima de ti que se me hace intolerable. O lo que aún es peor, todo esto viene acompañado de un machismo atroz. Pero esto lo dejo para otro día, que sobre esto hay mucho que hablar. Y además hay que hablarlo, es necesario.

En los últimos meses me han dicho cosas como:

- “Creo que con tu trabajo no lo tendrás difícil, vales mucho”. Excusa de un músico que no quiere pagar por unas fotos porque parece ser que me sobra el trabajo.

- “A ti también te beneficia tener fotos nuestras y ponerlas en nuestra web, no somos unos mindundis”. Músico que ha usado mi trabajo sin consentimiento y ni siquiera me ha citado.

- “Es que era el cumpleaños de X (miembro del grupo) y quería hacerle un regalo”. Respuesta de un músico que ha usado mis fotos para ponerlas en la web de su grupo sin mi consentimiento.

- “Somos un grupo de X y tocamos en Málaga. Queríamos invitarte a nuestro concierto. Queremos que nos hagas fotos, pero que salga de ti. Sólo teníamos dinero para pagarle al diseñador”.

- “No dispongo de X euros para pagar una sola foto y que fue tomada hace tres años”. Respuesta de un músico que quería una foto gratis. Parece que a los tres años se debe dejar de cobrar, o algo así.

Éstas son sólo cinco frases sueltas que me han dicho desde finales de octubre. Y digo finales de octubre porque fue entonces cuando empezó el episodio que me ha terminado de llevar a tomar esta decisión. Soy consciente de que algunos pensaréis que lo que estoy diciendo es una exageración, y que no es para tanto. Aquí os dejo el último mensaje que los protagonistas de este último episodio me han dejado:

Este mensaje fue seguido, un minuto después, de una llamada de teléfono en la que se me amenazó a voces con denunciarme al grito de "¡tengo un abogado! ¡tengo un abogado!". Si no fuera porque ahora mismo estoy hasta las narices me haría hasta gracia. Es delirante. Y si alguien se permite decir esto en público ya os podéis hacer una idea de lo que pueden llegar a decir en privado. Por cierto, he pixelado el nombre, la foto y el nombre del grupo por cortesía, porque este mensaje se dejó en mi Facebook personal de manera pública. Uso este ejemplo como ilustración de lo que contaba anteriormente. Una minoría, obviamente, pero una minoría muy cabrona. 

En este caso en cuestión, llevo desde octubre pidiéndoles de manera cordial que dejen de usar mis fotos. No sólo no lo han hecho, sino que las han usado en más sitios, en su web, en carteles, en anuncios. Y he seguido pidiendo cordialmente que se retiren. Y no sólo no se ha hecho, sino que la respuesta que se me ha dado es ésta.

Y hago un pequeño inciso para aclarar algo importante. Hay gente que usa esta excusa como amenaza. Cuando no quieren pagar y te quieren amedrentar, usan esta excusa como amenaza. Me refiero al tema de los derechos de imagen. Ya escribiré también más sobre algunos temas legales que, a la fuerza, he tenido que aprender y sobre cómo podemos defendernos en estos casos que, por desgracia, no son tan raros como parecen. Cuando un grupo/artista/actor/bailarín se sube a un escenario para un concierto/obra de teatro/espectáculo de danza, o cualquier evento de este tipo, no está sujeto a derechos de imagen. Se le considera una figura pública y, por lo tanto, no está sujeto a derechos de imagen de la manera en que sí podría estar en otros casos (por poner un ejemplo, si haces una sesión a alguien en tu estudio). Es decir, que cuando vayáis acreditados (y da exactamente igual si vais cobrando o no) a hacer fotos a alguno de estos eventos, estáis en todo el derecho de publicar esas fotos sin ningún tipo de miedo. La única excepción sería que os hicieran firmar un contrato diciendo lo contrario, y esto sólo pasa con artistas internacionales "de los gordos", para entendernos. Creo que sobra hacer ningún comentario sobre lo de pagarle a la modelo. Lo dicho, delirante.

Pongo el ejemplo que mi amigo Dani usó hace unos días: imaginad que un fotógrafo de la NBA tuviera que pedirle permiso a Pau Gasol para publicar la foto de un mate. O imaginad que un fotógrafo de prensa fuera a cubrir un evento político y tuviera que pedirle permiso al político para publicar las fotos. O lo que es peor, imaginad que luego Pau Gasol o el político en cuestión cogen esa foto y se hacen un anuncio. ¿Es inimaginable, verdad? Pues eso. 

Mi problema ahora mismo es que no tengo estómago para aguantar este tipo de cosas. No tengo estómago para estar constantemente teniendo que mandar facturas a las malas y teniendo que denunciar para que, ni más ni menos, se me pague lo que me corresponde. No tengo estómago para aguantar voces, amenazas y descréditos. No tengo estómago para aguantar frases machistas del tipo "tú lo que quieres es sacarme el dinero". Admiro profundamente a los compañeros que son capaces de manejar estas cosas de manera fría, como gajes del oficio que por desgracia son, y continuar haciendo su trabajo. Pero yo en este momento no tengo estómago para seguir aguantando toda esta mierda.

Y no lo tengo porque estoy agotada. A día de hoy para mí la parte de mierda de este trabajo le ha ganado la partida a la parte bonita, a la divertida, a la de querer plasmar la música en una foto. A la que merece la pena, al fin y al cabo. Y necesito descansar. Y entonces, es probable que vuelva a tener estómago.

No dejo del todo la foto de conciertos. Seguiré trabajando con la gente que sé que valora el trabajo, y como tal lo trata y lo paga. Pero no seguiré haciendo todo lo que he hecho hasta ahora. Al menos por una temporada larga.

Y he contado todo esto para que se me entienda lo que quiero decir. A todos aquellos que os permitís robar el trabajo de los demás, quizá deberías tener en cuenta que detrás hay un persona, con una historia y con una batalla. Todos tenemos la nuestra. La mía es ésta. A todos aquellos que os permitís amenazar, desacreditar, e intentáis tirar por tierra el trabajo de los demás, tened en cuenta que detrás hay una familia, que también sufre. A todos aquellos que os permitís tratar al fotógrafo como un mero accesorio que está a vuestra disposición, tened en cuenta que detrás hay una persona que se está dejando el culo. Porque, al igual que la de músico, la de fotógrafo es una profesión en la que hay que dejarse el culo cada puto día.

Así que ésta es la razón por la que dejo la fotografía de conciertos. No me lo tomo como una batalla perdida. Lo que hago es una manera de cuidarme. Y, además, la batalla no termina hasta que los que se han aprovechado de mí y de mi trabajo paguen. Y van a pagar.

Y obviamente no dejo la fotografía. Eso sería como dejar de respirar. Es más, hace un rato me han entregado las llaves de lo que en estos días se va a convertir en mi estudio fotográfico. Me encuentro en un momento en el que me siento llena de creatividad, de ideas y de proyectos. Esto no ha hecho más que empezar.